• Inicio
  • Sobre mí
  • Relatos Cortos
  • Un sueño inesperado
  • El mundo de Ava
  • Contacto
La Habitación de Ava
Un sueño inesperado 0

CAPITULO 11

Por Ava Tamsen @@ava_tamsen · On 21 abril, 2016


El lunes por la mañana me levanté con las pilas cargadas. Esos días fuera, y a pesar del sueño que tuve con Enzo, me habían renovado por dentro y tenía el cuerpo y la mente relajada. Estaba apoyada en la barra de la cocina mientras salía el café cuando encendí mi teléfono móvil. En seguida comenzó a sonar avisando de mensajes nuevos.

-Cinco mensajes en tres días -dije en voz alta a la estancia vacía, pero mi cara cambió al abrirlos. En mi interior un rayito de esperanza deseaba que alguno fuera del médico, pero no era así. Cuatro eran llamadas perdidas de mi insufrible jefe y el quinto era un mensaje de Sofía:

“Me ha elegido a mí. Espero que estés disfrutando. Te espero a tu vuelta con ginebra para celebrarlo. Un beso.”

No pude evitar sonreír, deseaba con todas mis fuerzas que Víctor la correspondiera.

-Carol –me llamó mi hermano saliendo de la habitación de Claudia.

-Dime.

-¿Ya te vas?

-Sí. Quiero llegar pronto y ponerme al día de lo del viernes.

-¿Qué haces esta tarde?

-Trabajar –contesté como si su pregunta fuese absurda.

-Tengo que ir al médico a que me miren esto –dijo señalándose la escayola, –y Claudia no me puede acompañar.

-¿A qué hora?

-A las siete.

-¿Tan tarde?

-Enzo me ha hecho un hueco para mirármelo él.

-¿Y por qué no pides hora en el ambulatorio? –pregunté disimulando el escalofrío que recorrió mi cuerpo al oír su nombre.

-Porque prefiero que lo mire él.

-Está bien. Sobre las seis vendré a por ti.

-Gracias hermanita –contestó haciendo un corazón con sus dedos índice y pulgar, antes de volver a dirigirse al interior de la habitación.

Ya hablaremos tu y yo… -pensé.

Llegué al despacho y Ricardo me avasalló a preguntas, además de echarme un sermón por haber tenido el teléfono desconectado. Por más que intenté convencerle que donde fui no tenía cobertura, me siguió recriminando que tuvo que ir a la boda de la hija de un antiguo cliente sin conjuntar la camisa con la corbata.

Era exasperante. Empezaba a replantearme que su mujer no tuviera gusto alguno por la moda, porque si no, no me encajaba que ella no pudiera aconsejarle que vestirse.

Quince minutos después de su monólogo, me dio una pila de informes por redactar y salí de su despacho abatida por el trabajo acumulado que me esperaba para ese día.

Decidí no perder el tiempo, y rechacé la escapadita de café con Irene. Tenía que ponerme las pilas si quería salir antes para llevar a mi hermano al Hospital.

Estuve una hora mirando el reloj, aún me quedaban la mitad de los informes por hacer, pero definitivamente no era mi día. Estaba deseando que se hiciesen las seis menos cuarto para irme a por Álvaro o mi cabeza iba a explotar de tanto pensar y pensar en volver a ver a Enzo.

Llegó la hora acordada, y puntual recogí a mi hermano.
Cuando llegamos al hospital, me temblaba el cuerpo, y no porque estuviésemos en pleno invierno, sino porque casi nos estampamos con un coche por saltarme un ceda. Estaba deseando meterme en la cama y dormir. Bastante que había aguantado la bronca de mi hermano que había visualizado el coche estrellándose contra su puerta, si el conductor no llega a frenar a tiempo, y ahora encontrarme con Enzo….
Desde mi mensaje, como ya iba siendo costumbre, no había vuelto a recibir respuesta de él y me ponía nerviosa pensar que decirle.

Una enfermera vio a Álvaro en la entrada y se acercó directa a nosotros.

-El doctor les está esperando. Consulta tres –nos dijo a la par que levantaba el dedo índice hacía el pasillo que conducía a la consulta.

-Gracias –contestó mi hermano y nos encaminamos hacia allí.

Llegamos enseguida a la puerta con el número tres marcado en ella.

-¿Vas a llamar? –me preguntó mi hermano haciéndome pegar un salto. Se me había quedado el puño a mitad de camino.

No le contesté y llamé directamente. La voz de Enzo nos llegó desde el otro lado de esa puerta invitándonos a entrar.

Giré el pomo y dejé pasar primero a mi hermano que iba dando pequeños saltos con la pierna buena, ayudado de una muleta a cada lado. Entré detrás y cerré la puerta a mi espalda quedándome ahí parada.

Un millón de hormigas recorrieron mi cuerpo. Se había afeitado y engominado el pelo. Llevaba una bata blanca que le quedaba muy sexy, y un estetoscopio colgaba de su cuello.

Enzo ni siquiera me miró. Se incorporó de la silla y estrechó la mano que mi hermano le tendía.

-Acuéstate en la camilla. Vamos a ver esa pierna –le oi decir.

Las hormigas cesaron y un cabreo monumental empezó a invadir mi cuerpo. Tenía ganas de coger una de las jeringuillas envasadas que había en la mesa de mi izquierda y clavársela en un ojo al medicucho.

Mientras mis pensamientos se volvían cada vez más escabrosos, mi móvil empezó a sonar.

Salvada –pensé.

Necesitaba salir de esa habitación que cada vez me parecía más pequeña y hacia que me costase respirar.

De mi boca salió un pequeño disculpad, el cual ambos ignoraron tan enfrascados en su conversación de la que no había prestado atención.

Salí de la consulta y sin poder evitarlo cerré más fuerte de lo normal.

Respiré hondo…

Mi móvil seguía sonando.

¿Qué se le habrá roto ahora? -me pregunté oyendo esa melodía tan conocida.

Decidí no esperar más y tras encontrar el teléfono en el interior de mí bolso pulsé la tecla descolgar:

-Dime Ricardo.

-¿Dónde estás?

-En el hospital.

-¿Otra vez? ¿Te has echado un novio médico o qué?

Que irónico –me reí

-Te lo he comentado esta mañana, tenía que traer a mi hermano a que le mirasen la pierna.

-¿Y el informe de Carmen Pérez?

-En mi mesa.

-¿Y por qué no está en la mía?

-Porque no lo he terminado.

-Joder Carolina, era uno de los prioritarios.

-No estaba en la lista como tal.

-Mañana tengo reunión con ella a primera hora.

-Eso tampoco estaba en tu agenda.

-¿Cómo qué no? Llamó el viernes, ya deberías saberlo.

Señor dame paciencia…

-El viernes yo no trabajé Ricardo.

-Pues Julia cogería la cita.

-Pues Julia se olvidó de anotarlo.

-Me da igual, lo quiero para ya.

-Mañana a primera hora lo tendrás, antes de la reunión.

-Eso espero Carolina. Eso espero.

Y con esa última palabra me colgó dejándome con el teléfono en la mano y con unas ganas locas de estamparlo.

Respiré e inspiré tres veces dispuesta a afrontar de nuevo la ignorancia de Enzo y cuando me giré…

Ahí estaba él, cruzado de brazos mirándome. Con esa mirada tan negra, tan penetrante que un escalofrío me recorrió desde el pelo hasta las puntas de los pies.

-¿Qué quieres? –le pregunté más borde de lo normal.

-Tu hermano ha ido a rayos.

Me olvidé de todo y suavicé mi tono de voz:

-¿Porqué? ¿Está peor?

-No creo. Voy a asegurarme de que el hueso ya se ha soldado y así no tendré que volver a escayolarle.

-Ah –dije y bajé mi mirada al suelo.

Volví a pensar en la otra noche en mi casa, era hora de aclarar sus mensajes. Levanté la cabeza para ser directa con él y había desaparecido.

-No me lo puedo creer -dije en voz baja.

Miré para ambos lados del pasillo y no lo vi por ninguna parte.

Se había esfumado.

Pataleé el suelo para evitar las ganas de gritar sin importarme quién pudiera verme en ese momento y al final decidí irme a la cafetería a tomar algo mientras esperaba a mi hermano.

Minutos después era Enzo el que aparecía por la puerta de la cafetería mirando para ambos lados. Daba la sensación de que buscaba a alguien y cuando su mirada se topó con la mía, deduje que había encontrado lo que iba buscando. En pocas zancadas se detuvo al pie de la mesa en la que estaba sentada.

Lo ignoré y miré hacia otro lado.

-¿Qué haces aquí?

-¿No es obvio? –pregunté en tono sarcástico mientras levantaba mi taza.

Resopló.

-¿Por qué no estás con tu hermano?

-¿Quizás porque desapareciste sin decirme dónde encontrarlo?

-Tenías que haberte quedado en la consulta.

-¿Y eso quién lo dice?

-Yo –apretó los dientes.

-No es suficiente

Que harta empezaba a estar de sus jueguecitos.

-Sigues siendo una maleducada Carolina.

-¿Disculpa?
Ahora sí que estaba molesta, pero decidí respirar hondo y no entrar en su juego, al menos no delante de tanta gente.

-Siempre haces lo que te da la gana sin pensar en nadie más.

-¿Pero tú quién te crees que eres? No me conoces.

-Ni falta que me hace.

-Pero vamos a ver… ¿Has dormido poco o qué? Déjame tranquila –me incorporé dispuesta a marcharme de allí.

Me cogió del brazo.

Me miró… Le miré… Nos desafiamos…

-Tu hermano está en la consulta.

-Gracias –le espeté y me solté de su mano de un tirón.

Cuando empecé a andar me di cuenta de que me seguía a escasos centímetros de distancia, podía oírle rechinar los dientes.

Hombres… -Resoplé.

Entré tan decida a la consulta que me di cuenta demasiado tarde de que no había nadie en su interior. Enzo cerró la puerta decididamente y se apoyó en ella.

Me giré para encararme a él.

-¿Y mi hermano?

-En la consulta.

-Has dicho que estaba aquí.

-No. Esta es mi consulta -puntualizó -tu hermano está en otra, le están vendando la pierna.

Bufé.

-Tenemos que hablar.

-Yo contigo no tengo nada que hablar.

-Eres exasperante.

-Y tú un puñetero fantasma –levanté mi dedo índice acusándolo.

-Vaya, a si qué es eso –dobló su rodilla y apoyó el pie en la puerta.

-¿Qué quieres decir? –pregunté dudosa.

-Estás molesta porque no he respondido a tus mensajes.

-Para estar molesta por eso deberías importarme una mínima parte, y siento decepcionarte –crucé mis brazos alrededor de mi pecho en defensa.

-Tus gestos no demuestran lo mismo.

-Ya te he dicho que no me conoces –apreté los dientes.

-Eres muy predecible.

-Y tú un egocéntrico.

Soltó una carcajada.

Yo le fulminé con la mirada y sin darme tiempo a reaccionar, dejó de reír y en dos pasos se paró frente a mí. Una vez más mis fosas nasales se inundaban con su olor tan varonil.

Empecé a ponerme nerviosa.

-¿Qué…? ¿Qué quieres? –maldije para mí misma al darme cuenta de que había tartamudeado.

-Cenar contigo.

-¿No tuviste suficiente la otra noche?

-A solas –dijo rotundo.

-¿Para qué? ¿Para tirarnos los trastos más libremente?

Su cara cambió de gesto y me di cuenta tarde de mi error.

-¿Te me estás insinuando Carolina?

-No –dije demasiado alto.

-No te pongas nerviosa. Quiero invitarte a cenar para compensar lo del accidente.

-No tienes que compensar nada. Si no fuera por el atropello de mi hermano ya me habría olvidado de ti.

-Mientes –dijo acercándose aún más a mí.

Estaba en lo cierto…

-¿Siempre consigues lo que te propones?

-Cuando algo me importa de verdad, sí.

¿Qué habrá querido decir con eso? –pensé.

Mi mente y su imaginación ya empezaban a dar vueltas en mi interior. ¿Le gusto? –Descarté la respuesta a esa pregunta moviendo mi cabeza a ambos lados.

-¿En qué piensas?

-¿Qué? –pregunté confusa creyendo que podía leer mis absurdos pensamientos. –Pensaba en cómo evitar la cena –contesté creyendo acertar en mi respuesta.

-¿Tienes miedo?

-¿De ti? Mientras no me cruce contigo conduciendo. No, no te tengo miedo.

Si me hubiera cogido de las manos habría vuelto a decirme que mentía. Me sudan como si estuviera en el mes de agosto en pleno desierto, pero para mi sorpresa, dio un paso atrás.

-Lo siento.

-¿Perdona? –pregunté sorprendida.

-No era mi intención hacerte daño.

Me miró, pero su mirada era cálida, sobrecogedora, e hizo que mi cabeza pareciese una montaña rusa en pleno descenso.

-Supongo que porque aún no me conocías –le dije sonriendo para cortar esta tensión que se había instado entre nosotros.

Sonrió. Me sonrió, con esa sonrisa preciosa. Perfecta, con unos dientes blancos e igualados. Empecé a pensar que había muerto y un ángel me miraba a través de la sonrisa de Enzo. Me quedé tan ensimismada mirando su sonrisa que no me dio tiempo a apartarme cuando sus labios se acercaron a los míos.

Fue un beso suave, apenas notable. Un simple roce entre su boca y la mía. Cuando se apartó seguía mirándome y yo no pude evitar humedecerme el labio inferior donde segundos antes habían hecho acto de presencia los labios de ese médico.

-¿Porqué…? ¿Por qué lo has hecho? –conseguí recomponerme al fin.

-No siempre hay una explicación.

-Todo tiene una explicación en esta vida.

-¿Y si te digo que me apetecía desde el primer momento en que te vi? ¿Te vale eso como explicación?

-Creo que lo pondría en duda.

-Quizás no he sido demasiado conciso.

Y sin darme tiempo a asimilar su respuesta, ni el roce anterior, pasó su brazo alrededor de mi cintura y me atrajo de nuevo hacía él.

Volvió a poner sus labios en los míos, pero esa vez era un beso duro. Me instó a abrir la boca y que le diese paso. Sin ningún reparo, acaté. Su lengua encontró la mía con rapidez y ambas se fundieron en un intercambio. Yo seguía con los brazos pegados a mis costados, sin embargo la mano abierta de Enzo, puesta en el final de mi espalda, me estrechaba contra él.

El beso duró lo suficiente para que ambos respirásemos entrecortadamente al separarnos.

Me miró y yo le devolví la mirada, pero esa vez nuestras miradas eran distintas a todas las demás. Algo había cambiado. Algo nos había cambiado a ambos, y yo tan escéptica decidí hacer un recorrido por la estancia antes de volver a poner mi vista en él. No había un reloj despertador, no había persianas por donde se filtrasen los rayos de sol, ni presencia de mi jefe por ninguna parte. Solo estábamos Enzo y yo en su consulta y no había sido uno de mis tórridos sueños.

Me gustó tanto que no sé si hubiera preferido despertarme en ese momento.

Esto no está bien Carolina –me decía mi cabeza una y otra vez, mientras que la única manera de callarla era devolviéndole yo el beso a él.

Ni lo pensé. Me puse de puntillas hacía él y así lo hice.

Relacionado

Compartir Tweet

Ava Tamsen

También Te Puede Interesar

  • Un sueño inesperado

    CAPÍTULO 16

  • Un sueño inesperado

    CAPITULO 15

  • Un sueño inesperado

    CAPITULO 14

No Comments

Responder Cancelar respuesta

Redes sociales

Follow @@ava_tamsen

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Últimas Entradas

  • Dolor…

    1 febrero, 2021
  • Pretérito imperfecto…

    26 enero, 2021
  • Que reactiven el mundo, que yo me subo!

    25 enero, 2021
  • CAPÍTULO 16

    18 octubre, 2018
  • SELFIES PELIGROSOS

    16 octubre, 2018

Encuéntrame en Facebook

  • Contacto
  • Sobre mí

Sobre La Habitación de Ava

La habitación de Ava es ese pequeño rincón en nuestra cabeza donde se juntan la vida real con la imaginaria, donde los pensamientos se pasean a su antojo, donde nos creemos más fuertes y a veces, muy débiles. Donde nacen los personajes para contar su historia.

Categorías

  • El mundo de Ava
  • Relatos Cortos
  • Sin categoría
  • Un sueño inesperado

Últimas Entradas

  • Dolor…

    1 febrero, 2021
  • Pretérito imperfecto…

    26 enero, 2021
  • Que reactiven el mundo, que yo me subo!

    25 enero, 2021
  • CAPÍTULO 16

    18 octubre, 2018
  • SELFIES PELIGROSOS

    16 octubre, 2018

Buscar en el sitio

© 2015 lahabitaciondeava.com - Todos los derechos reservados