• Inicio
  • Sobre mí
  • Relatos Cortos
  • Un sueño inesperado
  • El mundo de Ava
  • Contacto
La Habitación de Ava
Un sueño inesperado 0

CAPITULO 13

Por Ava Tamsen @@ava_tamsen · On 29 mayo, 2016


A la mañana siguiente cuando abrí los ojos mi cabeza me martirizaba de dolor. Me apreté las sienes con ambas manos pero no conseguí ningún efecto, sino más bien todo lo contrario. No sabía en qué momento de la noche, entre llanto y golpes a la almohada, al final me venció el sueño.

De pronto la puerta de mi dormitorio se abrió de golpe y Sofía con una sonrisa apareció por el umbral, pero no dio más de un paso cuando su sonrisa se congeló y sus ojos se abrieron como platos.

-Un minuto –me dijo levantando el dedo índice y saliendo rápido del dormitorio.

Imaginé mi cara y entendí la contrariedad de mi amiga. De tanto llorar tenía que tener los ojos enrojecidos e hinchados. Además debía de tener restos de rímel esparcido por mis mejillas, pues cuando llegué y me desvestí no me molesté en desmaquillarme. Quería que mi cama me engullera y lo iba a seguir queriendo el resto del día.

No pude evitar coger mi móvil de la mesita y echar un rápido vistazo. Nada.

Lo devolví a su sitio y me giré hacía la ventana. Contemplé las gotas de lluvia correr por el cristal y suspiré:
–El tiempo me acompaña.
El cielo estaba tan negro como mi estado de ánimo.

Minutos después Sofía volvió a hacer su aparición y está vez trajo consigo una pequeña bandeja con unas tazas encima.

-Gracias –le dije mientras ella depositaba la bandeja en un hueco de la mesita. Mi compañera me conocía a la perfección y sabía que el poleo menta era mi mejor aliado en mis días bajos.

Levantó la sábana y aún en pijama, se introdujo a mi lado en la cama.

-Está bien desembucha y no omitas ni el más diminuto detalle.

Cogí aire y lo expulsé despacio. Me incorporé y apoyé la espalda en el cabezal de la cama.

La miré agradecida por estar a mi lado esa mañana y no haber empezado nuestra conversación hablando de Víctor. Empecé a relatarle la historia de la noche anterior con el médico. Desde su casto beso en la mejilla cuando aún estábamos en el salón de casa, pasando por la fantástica velada del restaurante y terminando con la confusa discusión en la puerta del Abama.

Sofía no interrumpió en ningún momento mi monólogo. Tenía el codo en la almohada y su mano con la palma hacia arriba donde apoyaba la cabeza. Me miraba sin ninguna expresión en el rostro a medida que yo iba avanzando con la historia.

-Y vi su coche alejarse a toda prisa –concluí.

La miré esperando alguna reacción por su parte que no llegó y cambié la dirección de mi mirada hacia mis manos, nerviosa.

De pronto, soltó un largo suspiro y se incorporó poniendo su espalda a mi lado.

-Vaya –dijo al fin.

-¿Solo vaya? –pregunté sorprendida por su mutismo.

-¿Qué quieres que te diga? –me miró y yo ladeé mi cuerpo para devolverle la mirada.

-Pues lo que piensas.

-Es que…

-¿Qué? Suéltalo, me estoy volviendo loca de tanto pensar.

-No te va a gustar.

-Eso lo decidiré yo una vez lo oiga.

-Vale. Yo soy de las que opina que una buena relación…

-Esto no es una relación –le corté.

-Déjame hablar, yo he respetado tu espacio –me dijo molesta.

-Está bien. Continúa.

-Como decía, una buena relación tiene que tener su dosis mínima –y colocó su dedo pulgar e índice de forma horizontal- de celos para que la pasión no escape.

Puse los ojos en blanco para no contestarle y dejarla continuar.

-Pero creo que Enzo es como la luna.

-¿Qué quieres decir?

-Que tiene dos caras Carol. La de hombre agradable y sexy que muestra a todo el mundo y por desgracia, la que viste tú anoche de hombre posesivo y dominante.

-No creo que llegue tan lejos –le dije sin creérmelo a mí misma.

-No lo defiendas. Estamos analizando la situación luego sacaremos conclusiones.

-Pero no es mi novio. Joder. Solo llevamos dos semanas de coqueteo.

-Por eso mismo. Imagínate cuando llevéis más tiempo, te dirá hasta cómo tienes que vestir.

-No seas extremista.

-Y tú no seas tan inocente que pareces nueva.

Abrí la boca para contestar pero la cerré de nuevo sin omitir sonido alguno.

-Mira no te lo iba a contar pero llegados a este punto creo que debes saberlo todo.

-¿De qué estás hablando? –pregunté un tanto asustada.

-¿Recuerdas el día que tuviste el accidente con él?

-Cómo olvidarlo –dije tocándome la pequeña cicatriz de mi ceja.

-Cuando llegaste a casa y te mareaste, Claudia y yo te llevamos al hospital.

-Sí, también me acuerdo de los puntos –dije con una mueca de desagrado en los labios.

-Pues bien. Estábamos en uno de los box, tú en la camilla inconsciente y Claudia y yo de pie a tu lado mientras un médico te examinaba. Enzo pasó de largo y volvió al instante. Se plantó al lado del otro médico y te miró fijamente, yo me quedé ensimismada con la sensualidad que desprendía ese hombre con bata blanca y no me percaté de todo hasta unos días después.

-¿De qué te percataste? Continúa por favor –le supliqué.

-Enzo, sin apartar la vista de ti le dijo al otro hombre que se fuera. Que él se encargaba. Fue una orden tajante. Vi al otro médico vacilar un instante pero sin embargo asintió con la cabeza y se marchó. Enzo te curó la herida y te puso los puntos él mismo. Recuerdo que estaba pasando sus dedos por ellos cuando de pronto se tensó. Creo que por primera vez reparó en nosotras dos y dijo que te pondrías bien. Se marchó por donde había venido y al segundo tú recobraste el conocimiento. El médico que volvió a entrar y te atendió antes de marcharnos era el médico que había estado con nosotras al principio. Fue tan extraño que creí que mi imaginación me jugaba una mala pasada hasta el día del accidente de tu hermano.

-Enzo estaba allí –dije en un susurro.

-Enzo estaba en el mostrador hablando con la recepcionista cuando Claudia y yo entramos corriendo. Él se giró hacia nosotras y reparó en la camilla que venía detrás. Creo que no vio a tu hermano hasta que se puso a su lado, pues me di cuenta que había mantenido la respiración desde que salió del mostrador hasta ese momento. Sin embargo, pasó lo mismo que la primera vez.

-¿Qué quieres decir?

-Recuerdo que otro médico se acercó y nos preguntó qué había pasado. Al parecer él iba a encargarse de Álvaro y se llevó la camilla hacía dentro. Claudia estaba dando los datos a la recepcionista cuando yo te llamé por teléfono. Enzo no me quitaba ojo de encima y me puse nerviosa creyendo que tenía algo fuera de lugar. No me fijé en que momento desapareció de mi vista y sin embargo cuando fuimos a la consulta, él apareció después presentándose como el médico que había atendido a tu hermano, y días después estaba aquí en casa bailando contigo.

-Oh –es lo único que conseguí articular.
Si anoche tenía preguntas sin respuesta sobre su cambio brusco de humor, ahora mi cabeza era una puñetera montaña rusa a punto de salir disparada.

-Carol mírame –dijo Sofía atrayendo mi atención de nuevo –Todo lo que te ha pasado no ha sido casualidad, por no hablar del destino. No me lo creo.

-¿Y qué ha sido? Un plan maléfico para atraerme y volverme loca.

-Maléfico no lo sé, pero planeado tenía que estar.

-Claro, y se estampó contra mi coche porque tiene una agenda tan aburrida como médico de urgencias que ha estado siguiendo mis pasos.

-Yo no sé la vida que tiene, pero lo que sí sé es que tu vida me importa lo suficiente como para preocuparme. He intentado animarte, mantener mi cabeza al margen, pero mírate, te mereces que te traten como una reina, no como una cualquiera.

-Gracias Sofía por todo. Por escucharme y por tu arrebato de sinceridad hacia mí.

-Solo te pido un favor.

-Dime.

-Cuídate mucho. Yo he sido tan estúpida de caer en el abismo de Víctor y ahora no sé cómo salir de él. Tú siempre fuiste más inteligente que yo, así que demuéstralo y si quieres estar con él, haz que te valore y respete.

-Eres una gran amiga –le dije dándole un abrazo.

-Bueno ya está bien de hombres. Tómate el poleo, date una ducha y sal al salón. Entre las dos planearemos el domingo –

Cuando terminó de hablar dejó su taza ya vacía y se levantó de la cama dispuesta a salir de allí.

-Me parece un plan estupendo –le sonreí antes de darle un sorbo al poleo ya frío.

Después de tomarme el contenido de la taza y darme una ducha larga y caliente, me puse unas mallas viejas y una sudadera negra, dispuesta a afrontar el domingo y mi cordura. Tampoco hacía tanto tiempo que había entrado en mi vida para no ser capaz de expulsarlo como una simple miga de pan aferrada a mi cuerpo.

El salón estaba desierto cuando salí pero poco después apareció Sofía cambiada y con el pelo húmedo.

-¿Y los demás? –pregunté dejándome caer en el sofá.

-Han dicho antes que se iban a casa de los padres de Claudia.

-¿Y mi hermano?

-Se ha ido con ella –dijo sentándose a mi lado.

-¿Estás de coña? –le dije mirándola con los ojos muy abiertos.

-¿Por qué estás tan sorprendida?

-Estamos hablando de Álvaro. ¿Qué narices le ha hecho Claudia para que él quiera llevar su relación a un punto tan formal?

-Será una máquina en la cama –contestó riéndose.

-No estoy de broma. No quiero que esto, lo que sea que tengan, me acabe salpicando.

-No seas tan ceniza Carol. No a todas las parejas tienen que irles mal la relación. A diferencia de ti y de mí, Claudia ha sabido escoger con criterio.

-Te repito que estamos hablando de mi hermano. Lo quiero mucho pero también lo conozco demasiado, ¿y si vuelve al pueblo y se encapricha otra vez de su ex?

-Creo que lo sobreproteges. Yo lo veo feliz con Claudia.

-No sé. Igual tienes razón y me estoy volviendo paranoica.

-Venga anímate –me dijo dándome un cariñoso codazo.- Vamos a pedir una pizza y vemos una película. Si cambia el tiempo saldremos a dar una vuelta por el centro. ¿Te parece?

-Es un plan estupendo.

Me paralicé al oír mi teléfono sonar desde mi habitación. Ricardo tenía una canción específica que no era precisamente la que sonaba en este instante. ¿Será él? –la pregunta daba vueltas en mi cabeza.

Sofía me miró y yo le devolví la mirada nerviosa.

-¿Vas a contestar?

Asentí con la cabeza y salí tan disparada que me golpee la pierna con la mesita del comedor. Solté un taco y sin detenerme, corrí a descolgar. Maldije para mis adentros cuando la voz que oi no era la esperada.

-Carolina. Tenemos que hablar.

-¿Y no puedes esperar a mañana Ricardo? –pregunté mientras volvía al salón para que Sofía supiera de quién se trataba. La miré e hice un gesto con la mano como si me ahorcara. Mi amiga se tapó con un cojín riéndose y yo suspiré al tener que aguantar otra de sus tantas llamadas.

-Te llamo porque estoy repasando el informe del juicio de mañana –me quité el teléfono de la oreja y comprobé que me llamaba desde el teléfono del bufete. Hice una nota mental de que tenía que adjudicar la misma canción de Shakira a ese número para no llevarme más malas sorpresas.

-¿Y bien? –pregunté.

-Tengo algunas dudas.

-Ricardo, el juicio es a las doce y media. Creo que tenemos tiempo a primera hora de verlo mañana.

-No -dijo con rotundidad. -Quiero que vengas ahora y lo estudiemos.

-¿En serio? –pregunté horrorizada.

-No te llamaría si no fuera importante.

Eché cuenta en mi cabeza de las veces que me había llamado desde que entré a trabajar para él, y de las que a gran escala habían sido por nimiedades y preferí no contestarle. Retuve mi frustración otra vez, en lo más hondo de mi ser.

-Está bien. Ahora voy. –colgué sin darle tiempo a más.

-Ni de coña –dijo Sofía que se había puesto en pie y me miraba con los brazos cruzados.

-Lo siento –agaché la cabeza porque sabía que dijese lo que me dijese tenía toda la razón.

-Carolina no eres su perro faldero. Tienes un horario y un sueldo bastante bajo por cierto. Es domingo, joder. Con un no habría bastado.

-No lo conoces. No le sirven.

-Me da igual. Lo has acostumbrado a que no le sirvan. Mañana pienso hablar con Víctor. Tienes que cambiar de trabajo pero ya.

-Gracias, pero tengo que librar mis propias batallas.

-Tú misma.

-No te cabrees Sofía. Se trata de mi vida.

-Oh. Perdona por preocuparme por una amiga.

-No es eso. Estas sacando esto de quicio. Tengo que ir y ya está. Intentaré salir pronto y seguiremos con nuestro plan. –le dije con una media sonrisa.

-No se trata del dichoso plan. No entiendes nada. Haz lo que quieras, al fin y al cabo es tu vida –y se dio media vuelta en dirección a su dormitorio.

-Creo que exageras –ahogué las palabras en mi garganta para no liarla más. Sabía que tenía toda la razón, pero veía su cabreo injustificado. Deseché la última conversación de mi cabeza y me dirigí a la habitación para cambiarme de ropa.

Tres horas y media después, volví a casa agotada y de nuevo con un dolor de cabeza horrible. El rato que había pasado con mi jefe en su despacho había sido irritante. El informe estaba bien, pero él daba vueltas y mil vueltas. Cambiábamos párrafos para luego volver a los iníciales, repasábamos el expediente, me hacía tomar notas, algo que ya habíamos hecho el primer día, y vuelta a empezar… Empezaba a creer que tenía problemas en su matrimonio y se refugiaba en el bufete para no pensarlos, con la consiguiente de arrastrarme a mí con él. Era muy frustrante. Al parecer era como le había dicho a Sofía, tenía que librar mis propias batallas y también las de mi jefe.

Cuando entré por la puerta saludé alzando la voz pero nadie respondió. Estaba sola. Al parecer mi amiga había encontrado mejor plan que quedarse a esperarme. Hacía ya una hora que había dejado de llover y los rayos de sol asomaban por las nubes blanquecinas. Di un paso hacía mi dormitorio pero me paré.

¿Dónde vas? ¿A la cama de nuevo? –decía mi cabeza a regañadientes.
Me miré en el espejo de la entrada dándome un pequeño repaso. Llevaba unos vaqueros ceñidos, un jersey negro de cuello alto y unas botas de cuña.

–Me voy –decidí al fin. -Voy a disfrutar del domingo y a no volver a amargarme más. La Carol de siempre tiene que volver. Yo no sufro por ningún hombre jamás –le dije a la imagen que me devolvía el espejo, y con la última frase me colgué el bolso al hombro y salí por donde había entrado.

 

Relacionado

Compartir Tweet

Ava Tamsen

También Te Puede Interesar

  • Un sueño inesperado

    CAPÍTULO 16

  • Un sueño inesperado

    CAPITULO 15

  • Un sueño inesperado

    CAPITULO 14

No Comments

Responder Cancelar respuesta

Redes sociales

Follow @@ava_tamsen

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Últimas Entradas

  • Dolor…

    1 febrero, 2021
  • Pretérito imperfecto…

    26 enero, 2021
  • Que reactiven el mundo, que yo me subo!

    25 enero, 2021
  • CAPÍTULO 16

    18 octubre, 2018
  • SELFIES PELIGROSOS

    16 octubre, 2018

Encuéntrame en Facebook

  • Contacto
  • Sobre mí

Sobre La Habitación de Ava

La habitación de Ava es ese pequeño rincón en nuestra cabeza donde se juntan la vida real con la imaginaria, donde los pensamientos se pasean a su antojo, donde nos creemos más fuertes y a veces, muy débiles. Donde nacen los personajes para contar su historia.

Categorías

  • El mundo de Ava
  • Relatos Cortos
  • Sin categoría
  • Un sueño inesperado

Últimas Entradas

  • Dolor…

    1 febrero, 2021
  • Pretérito imperfecto…

    26 enero, 2021
  • Que reactiven el mundo, que yo me subo!

    25 enero, 2021
  • CAPÍTULO 16

    18 octubre, 2018
  • SELFIES PELIGROSOS

    16 octubre, 2018

Buscar en el sitio

© 2015 lahabitaciondeava.com - Todos los derechos reservados