• Inicio
  • Sobre mí
  • Relatos Cortos
  • Un sueño inesperado
  • El mundo de Ava
  • Contacto
La Habitación de Ava
Relatos Cortos 0

SELFIES PELIGROSOS

Por Ava Tamsen @@ava_tamsen · On 16 octubre, 2018

Había decidido sentarme en el último vagón del metro, o el primero, según se mire la dirección. Aqui estoy concentrada escuchando mi lista de reproducción a la par que tamborileo mis dedos índice y corazón en la tela de mi pantalón, acorde a la melodía que suena por los auriculares. Llegamos a una nueva estación y las puertas se abren. La gente sube y baja empujándose disimuladamente para intentar sentarse en el primer asiento libre, mientras yo sigo cantando mentalmente. Podría ponerme a hacerlo en voz alta, pero me considero una persona a la que hoy en día todavía prefiero pasar desapercibida y no provocar miradas y murmullos innecesarios, pudiendo generar pensamientos inequívocos sobre mi salud mental entre los viandantes. Aunque puestos, es viernes tarde y después de una interminable jornada laboral solo pienso en ducharme y recoger a Samantha para irnos de copas.

Puede que ya vayáis haciéndoos una idea acerca de mi persona o puede que os equivoquéis al igual que la gente del metro si me oyese cantar en voz alta Emergency de Icona Pop. Y eso que cuando me propongo algo, me esmero en ello. Vamos, que podría imaginarme haciendo hasta la parte acústica del saxo.

Volviendo a la actualidad, sigo con mi baile interior cuando noto que alguien me mira fijamente. Seguro que a todos os ha pasado alguna vez. Esa sensación de que te observan y sin más levantas la cabeza y diriges la mirada en la dirección correcta. Eso hago yo, y que correcta es la dirección cuando descubro que unos ojos de un azul intenso penetran en lo más hondo de mi ser. Hasta se me eriza el vello y tengo que desviar la mirada. Sigo notando en cada poro de mi piel que el hombre me vigila y empiezo a tamborilear los dedos más deprisa sin tener en cuenta los acordes de la nueva canción. Por fin megafonía anuncia mi parada y salgo con pies en polvorosa sin detenerme, hasta que la luz del sol cega mi visión. Es entonces cuando me detengo y suelto el aire que estoy reteniendo a fin de tranquilizarme. No entiendo que ha pasado allí abajo pero ese hombre con su forma de mirarme había conseguido nublarme. A pesar del poco tiempo que le había prestado atención había sido suficiente para registrarlo en una parte de mi mente. Se notaba que era alto, a pesar de estar sentado. Tenía el pelo corto, de un negro azabache. Una barba de tres días bien recortada cubría su rostro. Sus pómulos eran prominentes y lo hacían muy varonil. Su mirada, como ya había analizado, era de un azul tan intenso como un cielo sin nubes. Todo él desprendía una seguridad perturbadora que hizo que me pusiera tan nerviosa. Vuelvo en mi misma y tras reprenderme por mi actitud infantil  me encamino hacía casa para prepararme sin ser consciente de la noche que se avecinaba.

Pasadas unas horas Samantha me envía un mensaje para que vaya a buscarla. Decido coger el ascensor a pesar de vivir en un primero, pues no quería empezar la noche torciéndome un tobillo con mis zapatos negros de 10cm de tacón. Echo una última ojeada a mi modelito en el espejo de la cabina, y tras un repaso mental compruebo que no falta nada. Me he puesto un vestido negro entallado hasta las rodillas con las mangas de encaje. Con la plancha he ondulado algunos mechones sueltos de mi pelo rubio, mientras me he maquillado discretamente, delineando mis ojos color avellana con eyeliner negro y un toque de brillo en los labios. Elegante a la par de sexy, pues habíamos decidido pasarnos por un pub recientemente abierto por la zona del puerto de Valencia.

Subo al coche y tras colocarme el cinturón y darme un último repaso en el espejo retrovisor, serpenteo el tráfico de Valencia con calma, pues se aproximan las navidades, y como venía siendo costumbre se celebraban las conocidas cenas de empresa. Quería evitar conflictos con conductores ebrios y a ser posible tampoco quería retenciones innecesarias por controles policiales.

Minutos después, aparco el coche justo enfrente del patio de mi amiga y le envío un mensaje. Cuando Samantha sale del portal, bajo  ventanilla y le silbo. No puede evitar sonreír a la par que da una vuelta sobre sí misma. Lleva un vestido azul eléctrico corto y ceñido con la espalda al descubierto salvo por dos tiras que se cruzan entre ellas. Sus largas piernas terminan en unos zapatos altos de tacón del mismo color del vestido. Lleva el pelo negro recogido en un moño alto dejando sueltos algunos mechones alrededor de su rostro. Está sonriente, a pesar de que solo hace un par de meses que su novio la ha dejado por otra. Su secretaria. Vamos, toda una historia para hacer otra película americana.

Hay que ver el poder que tiene en una mujer, un vestido bonito acompañado de unos tacones y maquillaje. Nos creemos poderosas a la par de bellas y pensamos que vamos a comernos el mundo. El problema es que por muy invencibles que parezcamos, siempre acabamos fijándonos en el mismo prototipo de hombre que acaba consiguiendo que nos hundamos en nosotras mismas.

Dos meses, los mismos que el innombrable (así lo llamamos Samantha y yo) la dejó tirada, me ha costado que saliera del pozo en el que ella solita se había metido,y después de mil insistencias y hasta amenazas por mi parte, hoy conseguía que saliéramos juntas a retomar parte de nuestra antigua tradición. Teníamos noche de chicas. De esas noches sagradas que solo esperas pegarte unos bailes, conocer a alguien interesante y por consiguiente sufrir la mayor de las resacas.

Qué equivocada estaba…

– ¿Qué piensas? –me pregunta nada más sentarse en el interior del vehículo.

-En lo bien que lo vamos a pasar esta noche. –Prefiero omitir lo que realmente estoy pensando o todo esfuerzo en estos 60 días se vendrá abajo de un plumazo.

-No las tengo yo todas conmigo

-No seas ceniza Sam, es nuestra noche y será especial. Ponte el cinturón.

Mi querida amiga hace una mueca en respuesta y haciendo caso omiso a mi petición, enciende la radio y empieza a cantar Locked out of heaven de Bruno Mars que suena en ese momento por los altavoces.

Una vez encontramos el pub me quedo petrificada en la puerta. Es como si el famoso programa de Emma García se hubiese trasportado al local, para mi desgracia, claro está.

Samantha me mira y deduzco al instante que esta pensando lo mismo que yo, pero no había llegado hasta allí para volver atrás. La cojo del brazo y una vez dentro, nos encaminamos hacía una barra que visualizamos al fondo. Al menos la música que suena está bien. Es muy comercial y bailable.

Una vez servidas por una camarera tan operada que se perdía su naturaleza entre cirugía y cirugía, nos situamos al lado de la cabina del DJ donde hay una pequeña barra que sobresale de la pared, y podemos dejar nuestros bolsos y copas.

Tengo el primer trago resbalando por mi garganta cuando un escalofrío recorre mi cuerpo.  Me giro y ahí está. De nuevo esos ojos azules traspasan hasta lo más recóndito de mi interior. Me vuelvo hacía Samantha intentando hacer caso omiso de las miradas inquietantes del mismo hombre del metro.

– ¿Qué te pasa? ¿Has visto un fantasma?

Me río. –Sí, algo parecido.

Me mira sin comprender y de pronto su cuerpo se tensa. La miro extrañada y no puedo evitar girarme para ver que le ha puesto tan alerta. No veo nada. Una camisa negra de botones claros tapa mi visión. Levanto la cabeza despacio, recorriendo con la mirada ese cuerpo tenso. Tengo que contenerme de no tocarlo y a medida que mis ojos siguen subiendo lo sé.

Me mira. Lo miro.

Abro y cierro la boca cual besugo sin omitir sonido alguno, hasta que por fin me doy un guantazo mental para volver en mí misma y controlar la situación. Y bien que la controlo, que mejor forma de demostrar madurez, que girarme de nuevo hacía mi amiga y actuar como si no hubiera un hombre detrás de mí haciendo que me suden las manos. Y otras partes de mi cuerpo que prefiero no describir.

– ¿Os conocéis? –pregunta Samantha a los dos en general, pues el hombre del metro se había puesto a mi lado.

-No tengo el placer. –contesta.

Sé que me está mirando y yo pienso que la pared es de mayor interés general que intentar interactuar con ellos.

Entonces me giro y la realidad me golpea en la cara. Samantha está poniendo esa sonrisa suya que hacía años que no veía. Exactamente los mismos que hacía de la noche en que conoció al innombrable. Mierda. –me digo. Y soy consciente de que debo retirarme a tiempo.

-Marta. –me llama. Y me doy cuenta de que me lo está presentando.

-Bonito nombre. –le oigo decir. Y no puedo evitar girarme para mirarlo de nuevo. Me pilla desprevenida cuando acerca sus labios a mis mejillas.

-Él es Mario. – continúa Sam.

– ¿Me disculpáis? –digo más firme de lo que creo. – Voy un momento al aseo.

Ambos asienten y me palmeo a mí misma. Viva la improvisación Marta. Qué manera más sutil de dejarlos solos.

Me entretengo más de la cuenta pensando que hacer mientras dejo que mi mejor amiga y el hombre que había conseguido ponerme nerviosa en tanto tiempo, se conozcan.

De nuevo vuelvo a equivocarme.

Salgo del aseo y pego un bote cuando unos dedos rodean con firmeza mi muñeca. Ahí está él.

– ¿Qué haces tú aquí?

-Esperarte.

– ¿Y Samantha?

-Sigue donde la dejaste.

– ¿Y porque no estás allí con ella?

-Perdona pero que yo recuerde no me has contratado de niñera.

-Eres un grosero. Se trataba de conoceros.

-Perdóname de nuevo, no tenía ni idea de que tuvieras que imponerme a quién debía conocer.

-Mejor, visto la prepotencia que te gastas, me alegro de que mi amiga no esté perdiendo el tiempo contigo.

– ¿Y tú quieres perderlo?

– ¿El qué?

-El tiempo conmigo.

Pongo los ojos en blanco a modo de respuesta. –No gracias. Mi tiempo es demasiado valioso para perderlo innecesariamente.

-Vaya. Ahora la que va sobrada de prepotencia eres tú.

Touché. –me digo a mi misma.

-Bueno un placer, pero tengo que volver con mi amiga.

– ¿Y si te invito a una copa?

-Creía que me considerabas una mujer prepotente.

-Me gusta lo difícil.

-Pues yo creo que te gusta perder el tiempo porque no vas a conseguir nada.

-Tienes un problema serio con las nociones del tiempo, y además yo no te he dicho que quiera conseguir nada de ti. Solo estaba invitándote a una copa.

Me reprendo a mí misma por no tener más recursos para responderle. No sé qué tiene este hombre pero produce un efecto en mí que turba mis sentidos. Decido que es momento dar por finalizada esta conversación y volver sobre mis pasos a donde está Samantha con nuestros bártulos.

-Mejor en otra ocasión. Gracias por el ofrecimiento, pero tengo que irme. –prefiero ser educada y no seguir con la conversación que no nos lleva a ninguna parte.

– ¿Cuándo?

Lo miro… Me mira…

– ¿Siempre eres tan insistente?

-Cuando quiero algo sí.

-Pues lo siento por ti, pero tendrás que tomarte la copa solo o con Samantha.

-Qué manía con encasquetarme a tu amiga.

-No seas insolente.

-Y tú no seas mandona.

-De verdad que te coronas, ¿eh? Creo que ya he tenido suficiente, -y me giro para marcharme.

Sin esperármelo me coge nuevamente de la muñeca y me besa. Es un beso fuerte a la par que sensual. Cuando se retira la voz de Samantha me sobresalta.

– ¿Nos vamos?

– ¿Ya? – no puedo evitar mi sorpresa.

-Si te lo estás pasando bien quédate.

Noto el enfado en su voz y prefiero callarme para no discutir. Él me mira y yo encogiéndome de hombros le digo adiós.

Samantha va unos pasos por delante de mí y tengo que adelantar el paso para alcanzarla a la salida.

– ¿Qué te pasa? –le pregunto mientras entramos en el coche.

-Nada.

Arranco el coche sin decir nada más y conduzco en silencio hasta que ella vuelve a hablar.

-Podrías haberte quedado. No tienes por qué fastidiarte por mí.

-Había quedado contigo. Si te vas, me voy. –intento no sonar forzosa pues parece que mi amiga quiere discutir.

-Ya bueno, pero él parecía mejor entretenimiento que yo.

-Sam creo que te estás colando un poco en tus conclusiones.

-Tienes razón, perdóname. Ya sabes lo que me está costando superar la ruptura.

-Al final quedará en un recuerdo no doloroso ya verás, sólo date tiempo.

Me sonríe y la veo buscar en su bolso.
-Venga vamos a hacernos un selfie y a colgarlo en Facebook. -dice con el móvil en la mano -El nuevo comienzo será el título.

Acciona la cámara frontal y acercándose a mí me da un pequeño codazo para que me gire hacia el objetivo.

No sé qué pasa por mi mente, yo que nunca he sido una persona impulsiva. Imagino que es la canción que en ese instante suena por los altavoces, que me anima. Me giró hacía ella y estoy viendo nuestro reflejo en la pantalla del teléfono cuando unas luces me ciegan. Con la distracción de la foto, no me he percatado de que invado el carril contrario.

Nuestra noche había terminado.

Relacionado

Compartir Tweet

Ava Tamsen

También Te Puede Interesar

  • Relatos Cortos

    DECISIONES

  • Relatos Cortos

    La culpa

  • Relatos Cortos

    Infieles

No Comments

Responder Cancelar respuesta

Redes sociales

Follow @@ava_tamsen

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Últimas Entradas

  • Dolor…

    1 febrero, 2021
  • Pretérito imperfecto…

    26 enero, 2021
  • Que reactiven el mundo, que yo me subo!

    25 enero, 2021
  • CAPÍTULO 16

    18 octubre, 2018
  • SELFIES PELIGROSOS

    16 octubre, 2018

Encuéntrame en Facebook

  • Contacto
  • Sobre mí

Sobre La Habitación de Ava

La habitación de Ava es ese pequeño rincón en nuestra cabeza donde se juntan la vida real con la imaginaria, donde los pensamientos se pasean a su antojo, donde nos creemos más fuertes y a veces, muy débiles. Donde nacen los personajes para contar su historia.

Categorías

  • El mundo de Ava
  • Relatos Cortos
  • Sin categoría
  • Un sueño inesperado

Últimas Entradas

  • Dolor…

    1 febrero, 2021
  • Pretérito imperfecto…

    26 enero, 2021
  • Que reactiven el mundo, que yo me subo!

    25 enero, 2021
  • CAPÍTULO 16

    18 octubre, 2018
  • SELFIES PELIGROSOS

    16 octubre, 2018

Buscar en el sitio

© 2015 lahabitaciondeava.com - Todos los derechos reservados